domingo, 1 de abril de 2012
El Matrimonio del Cielo y el Infierno (William Blake)
jueves, 16 de febrero de 2012
Proverbios del Infierno

miércoles, 29 de junio de 2011
Educación: por qué Estado y no Mercado
Si pudiéramos resumir todas las demandas estudiantiles en una sola, sería: que el Estado asuma su responsabilidad principal en la educación. En el ámbito de la educación pública, eso significa mayor financiamiento para sus instituciones, para que así las universidades sean verdaderamente estatales (cuesta creer que una universidad sea estatal si no recibe ni un quinto de sus recursos del Estado). En la educación privada, significa asumir un rol fiscalizador, para evitar flagrantes faltas a la ley pero también faltas a los derechos humanos, como el derecho a la educación (hablamos de esas instituciones que inventan carreras que no existen, que no tienen infraestructura, etc.). Todas las demandas estudiantiles apelan a ese rol del Estado, que hoy no está cumpliendo amparado en la noción del “Estado subsidiario”, donde sólo puede actuar ahí donde el Mercado no llega.
La respuesta de la derecha frente a esa demanda no deja de sorprender. Lo primero es el desacreditado “argumento ad hominem”, que consiste en descalificar al contendor en lugar de replicar sus argumentos. Quienes sostienen que el problema es el rol del Estado están “sobreideologizados”, son minoría o buscan instrumentalizar. Junto con eso, la defensa que hace siempre la derecha: no es el Estado el garante de una educación pública de calidad, sino el mercado; lo que se necesita es más competencia, más universidades privadas.[1] El debate que se da entonces es cuál de los mecanismos coordinadores de la sociedad, es el más capaz de resolver este problema.
Las crisis económicas de la década de los ’70 y ’80 llevaron a un cuestionamiento generalizado al rol del Estado como principal articulador social, frente a lo cual la alternativa ofrecida fue dar mayor espacio al Mercado, como el mecanismo de coordinación social. A partir de eso se dio con mucha fuerza aquello que Habermas denominó “colonización del mundo de la vida”, que grosso modo, se refiere al hecho de que la racionalidad económica va colonizando aspectos de la vida que antes funcionaban con otras lógicas y criterios. Así, por ejemplo, si antes el debate sobre el “bien común” estaba centrado en lograr una armonía, hoy se centra en lo económicamente rentable. Se explica entonces que la defensa del sistema de educación se dé en esos términos por parte de la derecha. Cuando los estudiantes se salen de la lógica economicista, están “politizados” (algo que para la derecha y para la sociedad neoliberal es malo). Cuando los estudiantes cuestionan que la educación sea un negocio, están ideologizados. Todo esto pretende naturalizar ese proceso descrito por Habermas, es decir, hacerlo parecer como algo tan natural como la gravedad, cuando en realidad es algo social, es un producto humano. No hay ningún decreto natural que diga que la educación tiene que ser un negocio y que sólo un sistema privado de educación mejoraría sus problemas. La verdadera sobreideologización está en creer que la educación como un negocio es algo obvio, incuestionable, intocable. La educación es algo social, y en esa condición podemos concebirla de la forma que creamos más conveniente, sin estar obligados a limitarnos a los criterios de la economía. Es más, como está convenido que la educación constituye un derecho social (por todos los beneficios que implica), los criterios debieran ser otros, no los del ganancia/pérdida.
Pero más allá del carácter ideológico del pensamiento de que sólo la competencia mejorará la educación, el problema está en que el Mercado no es el mecanismo de coordinación social capaz de garantizar educación resolviendo los problemas que hoy aquejan a la población. Adam Smith decía, con mucha claridad –y mucha honestidad también-, que no era la amabilidad del panadero la que nos permitía disfrutar del pan, sino su interés personal. De la misma forma, en un mercado de la educación, no es la filantropía de los empresarios lo que nos permite educarnos, sino su interés personal. ¿Y qué pasa si un día los empresarios se dan cuenta que el mercado de la educación no satisface sus intereses? ¿Qué pasa si llega el día en el que tener una universidad deja de ser “grito y plata” (sobre todo si consideramos que al empresariado chileno le gusta la plata fácil, que no le cobren muchos impuestos, no tener que poner plata para la capitalización de los trabajadores, sueldos bajos, etc.)? Tal como hoy uno de los principales inversionistas de Entel corrió a comprar la Universidad Santo Tomás cuando su antiguo dueño murió, si llega el día en que la educación no reporte sendas ganancias, los empresarios correrán a deshacerse de sus establecimientos. ¿Y qué pasará entonces?: nos quedaremos sin educación.
Hagamos la secuencia lógica: sin empresarios no hay educación, para que haya empresarios tiene que haber ganancias, para que haya empresarios en educación tiene que haber ganancias en educación, para que haya ganancias en educación tienen que existir altos aranceles, créditos con interés, etc. Si uno de los problemas actuales de la educación es el endeudamiento, ¿cómo la competencia va a ofrecer soluciones si su condición de existencia es que los estudiantes sigan pagando mucha plata? Si sólo los empresarios pueden sostener la educación, lo que dicho en otras palabras es que sólo el lucro puede sostener la educación, entonces, como consecuencia, sólo el endeudamiento podrá sostener la educación, lo que equivale a conservar las desigualdades. Parece que no es el camino. No es el Mercado el que permite satisfacer la demanda de educación.
Ahora bien, ¿por qué es el Estado entonces? Porque el Estado es un mecanismo de coordinación social que, a diferencia del Mercado, no se basa en el interés privado, es decir, en la acción individual, sino que en el interés y la acción colectiva. El Estado es la representación del “contrato social”, donde la comunidad se pone de acuerdo en cómo abordar los problemas que enfrenta. Evidentemente que el Estado así descrito constituye un “tipo ideal”, es decir la idea pura de cómo se forma el Estado y no como se da en la realidad, pero es a partir de ese fundamento que existe, aunque claro, el pacto social sólo es pactado por algunos y a otros es impuesto, pero incluso ellos son parte del Estado. Para aclarar, de la misma forma en que el trabajador forma parte de la producción en desventaja en relación al patrón, los dominados son integrados al Estado en desventaja en relación a los dominadores. Pero tienen su espacio.
Si la educación es un problema de la sociedad, es la sociedad en su conjunto la que debe velar para que en ella puedan entrar y egresar todos los que quieran y no sólo los que puedan pagar, por su calidad, etc. Y la única forma en que la sociedad, es decir, el colectivo pueda proteger la educación, es a través del Estado. Esta noción es fundamental para mejorar la educación, ya que no podemos descansar en la esperanza de que en el futuro ésta seguirá siendo un buen negocio para los empresarios. No se puede relegar la responsabilidad social que es la educación a privados, porque es una responsabilidad colectiva, no individual. Y en tanto el colectivo no asuma la responsabilidad que le compete respecto a sus propios problemas, y siga delegando la responsabilidad en los privados, seguiremos siendo un país sin proyecto país, y sin proyecto país jamás alcanzaremos el desarrollo.
Esto, dicho sea de paso, constituye el grueso de la concepción neoliberal, derechista, del desarrollo. Que la sociedad siga desentendiéndose de su responsabilidad y que delegue la toma de decisiones a los privados. En otras palabras, que la sociedad se mantenga despolitizada. Esa es la base de la concepción del Estado subsidiario, el que era considerado como un pilar para la sociedad libre por Jaime Guzmán. El debilitamiento progresivo e incesante del Estado a partir de las reformas neoliberales implementadas en dictadura habla del debilitamiento de un modo de organizarse que tuvo la sociedad, del debilitamiento de la acción colectiva, logrando así que la acción individual aparezca como la única forma de coordinación social. Eso explica por qué siempre la derecha echa mano al mercado y a los privados para solucionar los problemas país, porque la otra opción sería echar mano a la ciudadanía, lo que significaría tener una sociedad responsable y empoderada, es decir, politizada lo que debe constituir la peor pesadilla de la derecha.
Resumiendo. La solución al problema de la educación está en el Estado, porque constituye un mecanismo de coordinación social basado en la acción colectiva. Y al ser la educación un interés de la sociedad, debe ser la sociedad la que asuma la responsabilidad de ésta, a través de su mecanismo de coordinación: el Estado. Por otra parte, el Mercado no se basa en la acción guiada por el interés colectivo –lo que en otras palabras podemos llamar la responsabilidad social-, sino que por el interés privado, por lo que no ofrece ninguna garantía para la mejora de la educación ni para su estabilidad en el futuro. Al no ser el Mercado el indicado para responder a este problema, no hay motivos para tratarla como una mercancía.
[1] Al respecto véase la editorial del diario La Tercera del día lunes 20 de junio de 2011, titulada Educación superior: la solución no es más Estado.
lunes, 13 de septiembre de 2010
A raíz del 11 de Septiembre de 1973
viernes, 12 de febrero de 2010
El "sentido público" y la defensa de la educación estatal
El debate acerca de una educación que realmente combata las enormes desigualdades sociales en lugar de aumentarlas, adquiere hoy día un nuevo sentido debido al triunfo de la peor cara de la derecha neoliberal. Un cambio de sentido entendiendo que, si bien
Es por esto que el debate sobre la educación pública debe fortalecerse para así fortalecer una propuesta que sea lo más sólida posible, a su vez que se fortalece un movimiento estudiantil que vaya detrás de ésta, respaldándola. Necesitamos seguir discutiendo, puliendo ideas, pero siempre en base a argumentos y no en base a tergiversaciones como se ha visto en este tiempo. En este sentido, se hacen necesarias una serie de aclaraciones a raíz del llamado “sentido público” que ciertos sectores insisten en decir que las Juventudes Comunistas defendemos ciegamente, como si, en tanto organización, creyéramos en un humanismo universal de quienes profesan este “sentido público” o “vocación de servicio”, y no nos preocupáramos de las situaciones concretas detrás de este concepto.
Por lo tanto, antes de entrar en detalles de nuestra propuesta, es necesario hacer frente a tres problemas que el debate de la educación pública/privada/estatal debe sortear: uno teórico, otro histórico y otro político. En la medida en que vayamos aclarando cuáles son cada uno de estos problemas se entenderá mejor nuestra posición que no tiene otro objetivo que criticar la absoluta mercantilización de nuestro sistema de educación.
EL PROBLEMA TEÓRICO
Se sabe bien, desde Marx, que el Estado es un instrumento de dominación de las clases dominantes. En este sentido, el Estado es un aparato cuya función es la dominación material lograda mediante -en términos de Weber- el monopolio legítimo de la violencia física. Pero también sabemos, en especial desde Althusser, que junto al aparato “represivo” del Estado están sus aparatos ideológicos, dentro de los cuales tiene un lugar privilegiado la educación. Es decir, la educación como tantos otros, es un medio a través del cual circulan las ideas, la ideología, de la clase dominante. En este punto, poco importa la distinción entre estatal o privado, pues ambos son escenarios en donde la burguesía manda, orienta y decide.
¿Qué hace pensar entonces, a estos grupos de izquierda, que es posible dar una mejor pelea en el ámbito de la educación estatal? ¿Acaso no son ellos los que ingenuamente caen en una visión burguesa del Estado y sus ámbitos, en la cual éstos responden intrínsecamente a un sentido público que represente la mayoría de la sociedad? Aclaremos las cosas: la única forma posible de sentido público real, que se de no sólo en la “voluntad” (que en realidad obedece a la ideología) sino que se dé materialmente, es un Estado socialista donde efectivamente la clase trabajadora sea la dominante. Por lo tanto, cualquier defensa de la educación del Estado, que hoy es capitalista, cae en una trampa ideológica de la que es necesario escapar. Para que la educación estatal sea defendible como valuarte de una educación al servicio de las clases explotadas, tendría que ser una educación estatal socialista.
Ahora bien, para ello tendríamos que hacernos del poder del Estado, objetivo que algunas organizaciones nos planteamos a diferencia –paradójicamente- de quienes defienden sólo la educación estatal. Evidentemente, una táctica y estrategia bien definida no puede dar como resultado que la única acción sea hacerse con el Estado, por lo que hay que ver formas de atacar hoy el problema en todos sus niveles. Esto hace necesaria una lectura que nos dirá que hay instituciones privadas y estatales, las cuales ambas obedecen a un mismo modelo de educación. Vemos entonces que la defensa a ultranza que hacen estos grupos de la educación estatal, cae en una incoherencia al defender la educación estatal como estandarte de lo público –lo cual obedece a una visión ideológica- al mismo tiempo en que critica una supuesta “claudicación” al servicio de la ideología dominante por parte de las JJ.CC. Esto nos lleva al siguiente problema, acerca de la realidad y del contexto del problema, que es precisamente el Estado.
EL PROBLEMA HISTÓRICO
El problema histórico que tiene este llamado a la defensa de la educación estatal es que se reivindica un modelo de universidad de respondía a un modelo de Estado que tenía un proyecto de desarrollo específico. Ese era el Estado de compromiso cuya vida se extendió hasta 1973 y el cual por su estructura tenía la capacidad de incorporar demandas de los sectores que estuvieran políticamente organizados mediante partidos. Si bien, también en ese entonces el Estado era un aparato de dominación de las clases dominantes, gracias a muchos años de movilización y organización social se habían obtenido importantes avances, los cuales se perdieron en la dictadura y todavía no se recuperan. Y también es necesario recalcar que la absoluta omisión acerca de estos grupos de la educación privada, también responde a una realidad histórica en la cual no existían las instituciones de educación superior que existen hoy en día.
Entonces, ¿qué es lo que podemos esperar de la educación estatal, sino un proyecto neoliberal acorde a su modelo de desarrollo? Y frente a este problema, ¿qué respuesta tenemos si no es la movilización organizada de los estudiantes en base a objetivos concretos y bien definidos? Precisamente frente a esa respuesta, no podemos limitar esa lucha a un espacio que ya no tenemos, que es el espacio estatal, pasando por alto otro espacio importante como es el privado simplemente por dogmatismos históricos. ¿Acaso un trabajador sólo debe luchar y sindicalizarse en empresas estatales esperando a que éstas absorban a las privadas? ¿Acaso las empresas privadas no deben ser un campo de lucha simplemente porque son privadas? Como vemos, el problema teórico y el problema histórico tienen profundas consecuencias políticas que de no tratar a tiempo nos llevarán a una derrota estudiantil y al triunfo del gobierno empresarial.
EL PROBLEMA POLÍTICO
El problema entonces, es cómo dar la lucha política para asegurar una educación al servicio del pueblo y no de las clases privilegiadas. La pregunta es dónde dar la lucha, teniendo en cuenta que tanto la educación estatal como la privada están al servicio de un mismo proyecto ideológico.
La respuesta que nos dan estos grupos tiene el error de caer en inconsistencias teóricas y en dogmatismos históricos que en definitiva restringen y limitan la lucha política que podamos dar. Y no es que esté equivocada en su objetivo de luchar por una mejor educación estatal, pero sufre las incoherencias mencionadas aparte de ser limitada en su campo de acción. Y son estas las fallas, no otras. Porque como Juventudes Comunistas sí estamos a favor de que la prioridad número uno del Estado sean las universidades de su propiedad. Sí estamos a favor de aportes basales de libre disposición, de una democratización no sólo en el sistema de ingreso, sino en el sistema de financiamiento tanto de la misma universidad como de las distintas unidades académicas. Sí estamos a favor de un estatuto que garantice la toma de decisiones con todos los actores universitarios involucrados. Todas estas son demandas por las cuales luchamos dentro de
Pero no podemos dejar de lado otra realidad, que es la realidad de las universidades privadas. Y cuando se habla de “universidades privadas con sentido público” no nos referimos a una confianza en la buena voluntad de servir a Chile por parte de los privados. Se trata de universidades, como la de Concepción, que dados sus orígenes, dada su inserción regional, dada la composición socioeconómica y política de sus estudiantes, permite también dar una lucha política que apunte a los mismos objetivos que nos planteamos en
Por lo tanto, la lucha política hay que darla en todos los ámbitos donde sea posible darla. No por concepciones equívocas de que las clases pobres entran a las universidades privadas (que en realidad nadie sostiene, por lo cual quien diga que afirmamos eso se queda discutiendo con fantasmas –debate que no ofrece muchos desafíos a la inteligencia ni a la capacidad política y que por lo mismo se puede ganar fácilmente-), sino porque es un campo real de disputa política que no sólo es posible dar, sino que es necesario. Esperar el fortalecimiento de la educación estatal para dar la lucha en las universidades privadas es casi como esperar la llegada del socialismo para la solución de los problemas.
El “sentido público” no obedece a la filantropía o excesivo humanismo de quien la orienta, sino de sus intereses. Es por ello que el sentido público debe ganarse mediante la lucha política que demos. Ese es el llamado que hacemos como organización política. Y para esta lucha se necesitan todos los aliados que podamos tener, todos los aliados que respondan a ese llamado. Quedarse solos para “esperar el fortalecimiento de la educación estatal” es un iluminismo reaccionario que lejos nos llevará de los triunfos objetivos que necesitamos alcanzar para avanzar hacia la sociedad que queremos.
martes, 9 de febrero de 2010
Carta publicada en diario La Tercera 09/02/10 (versión original)
A raíz de los resultados obtenidos por el Partido Comunista en la última elección y de su inminente ilegalización, se ha sostenido por parte de algunos sectores que esta colectividad no tiene la votación suficiente para sacar diputados y que eso explicaría la marginación política que ha vivido en estos años.
Si bien es cierto que la votación del PC no es alta, estas opiniones carecen de un rigor lógico básico que es necesario corregir. En primer lugar, históricamente el PC ha obtenido aproximadamente un 5% de los votos, por lo que cual nunca antes se había visto en la situación actual en la que perderá la legalidad. En segundo lugar, es necesario señalar que si hoy se encuentra con su legalidad amenazada, no es por ser poco votado, sino que debido al pacto con la Concertación no llevó candidatos en todo Chile sino que en unos cuantos distritos, lo cual, evidentemente, le impide tener una votación a nivel nacional.
Invitaría a quienes sostienen que el PC no tiene votantes a que revisen los resultados obtenidos por los tres candidatos comunistas electos, quienes lograron holgados triunfos.