Toda la historia de la humanidad ha sido una lucha entre la sabiduría y la estupidez. Los ángeles rebeldes, los seguidores de la sabiduría, han tratado siempre de abrir las mentes; la Autoridad y sus iglesias han tratado siempre de mantenerlas cerradas. Y durante la mayoría de ese tiempo, la sabiduría ha tenido que trabajar en secreto, susurrando su palabra, moviéndose como un espía a través de los lugares humildes del mundo, mientras que las cortes y los palacios son ocupados por sus enemigos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Educación: por qué Estado y no Mercado

Si pudiéramos resumir todas las demandas estudiantiles en una sola, sería: que el Estado asuma su responsabilidad principal en la educación. En el ámbito de la educación pública, eso significa mayor financiamiento para sus instituciones, para que así las universidades sean verdaderamente estatales (cuesta creer que una universidad sea estatal si no recibe ni un quinto de sus recursos del Estado). En la educación privada, significa asumir un rol fiscalizador, para evitar flagrantes faltas a la ley pero también faltas a los derechos humanos, como el derecho a la educación (hablamos de esas instituciones que inventan carreras que no existen, que no tienen infraestructura, etc.). Todas las demandas estudiantiles apelan a ese rol del Estado, que hoy no está cumpliendo amparado en la noción del “Estado subsidiario”, donde sólo puede actuar ahí donde el Mercado no llega.

La respuesta de la derecha frente a esa demanda no deja de sorprender. Lo primero es el desacreditado “argumento ad hominem”, que consiste en descalificar al contendor en lugar de replicar sus argumentos. Quienes sostienen que el problema es el rol del Estado están “sobreideologizados”, son minoría o buscan instrumentalizar. Junto con eso, la defensa que hace siempre la derecha: no es el Estado el garante de una educación pública de calidad, sino el mercado; lo que se necesita es más competencia, más universidades privadas.[1] El debate que se da entonces es cuál de los mecanismos coordinadores de la sociedad, es el más capaz de resolver este problema.

Las crisis económicas de la década de los ’70 y ’80 llevaron a un cuestionamiento generalizado al rol del Estado como principal articulador social, frente a lo cual la alternativa ofrecida fue dar mayor espacio al Mercado, como el mecanismo de coordinación social. A partir de eso se dio con mucha fuerza aquello que Habermas denominó “colonización del mundo de la vida”, que grosso modo, se refiere al hecho de que la racionalidad económica va colonizando aspectos de la vida que antes funcionaban con otras lógicas y criterios. Así, por ejemplo, si antes el debate sobre el “bien común” estaba centrado en lograr una armonía, hoy se centra en lo económicamente rentable. Se explica entonces que la defensa del sistema de educación se dé en esos términos por parte de la derecha. Cuando los estudiantes se salen de la lógica economicista, están “politizados” (algo que para la derecha y para la sociedad neoliberal es malo). Cuando los estudiantes cuestionan que la educación sea un negocio, están ideologizados. Todo esto pretende naturalizar ese proceso descrito por Habermas, es decir, hacerlo parecer como algo tan natural como la gravedad, cuando en realidad es algo social, es un producto humano. No hay ningún decreto natural que diga que la educación tiene que ser un negocio y que sólo un sistema privado de educación mejoraría sus problemas. La verdadera sobreideologización está en creer que la educación como un negocio es algo obvio, incuestionable, intocable. La educación es algo social, y en esa condición podemos concebirla de la forma que creamos más conveniente, sin estar obligados a limitarnos a los criterios de la economía. Es más, como está convenido que la educación constituye un derecho social (por todos los beneficios que implica), los criterios debieran ser otros, no los del ganancia/pérdida.

Pero más allá del carácter ideológico del pensamiento de que sólo la competencia mejorará la educación, el problema está en que el Mercado no es el mecanismo de coordinación social capaz de garantizar educación resolviendo los problemas que hoy aquejan a la población. Adam Smith decía, con mucha claridad –y mucha honestidad también-, que no era la amabilidad del panadero la que nos permitía disfrutar del pan, sino su interés personal. De la misma forma, en un mercado de la educación, no es la filantropía de los empresarios lo que nos permite educarnos, sino su interés personal. ¿Y qué pasa si un día los empresarios se dan cuenta que el mercado de la educación no satisface sus intereses? ¿Qué pasa si llega el día en el que tener una universidad deja de ser “grito y plata” (sobre todo si consideramos que al empresariado chileno le gusta la plata fácil, que no le cobren muchos impuestos, no tener que poner plata para la capitalización de los trabajadores, sueldos bajos, etc.)? Tal como hoy uno de los principales inversionistas de Entel corrió a comprar la Universidad Santo Tomás cuando su antiguo dueño murió, si llega el día en que la educación no reporte sendas ganancias, los empresarios correrán a deshacerse de sus establecimientos. ¿Y qué pasará entonces?: nos quedaremos sin educación.

Hagamos la secuencia lógica: sin empresarios no hay educación, para que haya empresarios tiene que haber ganancias, para que haya empresarios en educación tiene que haber ganancias en educación, para que haya ganancias en educación tienen que existir altos aranceles, créditos con interés, etc. Si uno de los problemas actuales de la educación es el endeudamiento, ¿cómo la competencia va a ofrecer soluciones si su condición de existencia es que los estudiantes sigan pagando mucha plata? Si sólo los empresarios pueden sostener la educación, lo que dicho en otras palabras es que sólo el lucro puede sostener la educación, entonces, como consecuencia, sólo el endeudamiento podrá sostener la educación, lo que equivale a conservar las desigualdades. Parece que no es el camino. No es el Mercado el que permite satisfacer la demanda de educación.

Ahora bien, ¿por qué es el Estado entonces? Porque el Estado es un mecanismo de coordinación social que, a diferencia del Mercado, no se basa en el interés privado, es decir, en la acción individual, sino que en el interés y la acción colectiva. El Estado es la representación del “contrato social”, donde la comunidad se pone de acuerdo en cómo abordar los problemas que enfrenta. Evidentemente que el Estado así descrito constituye un “tipo ideal”, es decir la idea pura de cómo se forma el Estado y no como se da en la realidad, pero es a partir de ese fundamento que existe, aunque claro, el pacto social sólo es pactado por algunos y a otros es impuesto, pero incluso ellos son parte del Estado. Para aclarar, de la misma forma en que el trabajador forma parte de la producción en desventaja en relación al patrón, los dominados son integrados al Estado en desventaja en relación a los dominadores. Pero tienen su espacio.

Si la educación es un problema de la sociedad, es la sociedad en su conjunto la que debe velar para que en ella puedan entrar y egresar todos los que quieran y no sólo los que puedan pagar, por su calidad, etc. Y la única forma en que la sociedad, es decir, el colectivo pueda proteger la educación, es a través del Estado. Esta noción es fundamental para mejorar la educación, ya que no podemos descansar en la esperanza de que en el futuro ésta seguirá siendo un buen negocio para los empresarios. No se puede relegar la responsabilidad social que es la educación a privados, porque es una responsabilidad colectiva, no individual. Y en tanto el colectivo no asuma la responsabilidad que le compete respecto a sus propios problemas, y siga delegando la responsabilidad en los privados, seguiremos siendo un país sin proyecto país, y sin proyecto país jamás alcanzaremos el desarrollo.

Esto, dicho sea de paso, constituye el grueso de la concepción neoliberal, derechista, del desarrollo. Que la sociedad siga desentendiéndose de su responsabilidad y que delegue la toma de decisiones a los privados. En otras palabras, que la sociedad se mantenga despolitizada. Esa es la base de la concepción del Estado subsidiario, el que era considerado como un pilar para la sociedad libre por Jaime Guzmán. El debilitamiento progresivo e incesante del Estado a partir de las reformas neoliberales implementadas en dictadura habla del debilitamiento de un modo de organizarse que tuvo la sociedad, del debilitamiento de la acción colectiva, logrando así que la acción individual aparezca como la única forma de coordinación social. Eso explica por qué siempre la derecha echa mano al mercado y a los privados para solucionar los problemas país, porque la otra opción sería echar mano a la ciudadanía, lo que significaría tener una sociedad responsable y empoderada, es decir, politizada lo que debe constituir la peor pesadilla de la derecha.

Resumiendo. La solución al problema de la educación está en el Estado, porque constituye un mecanismo de coordinación social basado en la acción colectiva. Y al ser la educación un interés de la sociedad, debe ser la sociedad la que asuma la responsabilidad de ésta, a través de su mecanismo de coordinación: el Estado. Por otra parte, el Mercado no se basa en la acción guiada por el interés colectivo –lo que en otras palabras podemos llamar la responsabilidad social-, sino que por el interés privado, por lo que no ofrece ninguna garantía para la mejora de la educación ni para su estabilidad en el futuro. Al no ser el Mercado el indicado para responder a este problema, no hay motivos para tratarla como una mercancía.



[1] Al respecto véase la editorial del diario La Tercera del día lunes 20 de junio de 2011, titulada Educación superior: la solución no es más Estado. http://diario.latercera.com/2011/06/20/01/contenido/opinion/11-73447-9-educacion-superior-la-solucion-no-es-mas-estado.shtml

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